El problema de la lectura moral de la Unidad Popular

Roberto Gonzalez

A pesar de la forma enredada en la cual se presentan algunas de sus ideas, vale la pena rescatar la primera parte del último artículo de Luis Thielemann[1], en buena medida ya que el desarme ideológico que allí plantea y su relación con una lectura moral del periodo de la Unidad Popular, no constituyen un defecto exclusivamente propio de la izquierda histórica, sino que empapa probablemente al conjunto de la izquierda anticapitalista, incluso a aquella que se considera a sí misma más rádical.

Justamente, ese discurso que bien identifica Luis y que habla de un “pasado como uno en que su bando, premunido de un plan perfecto y cuya moral no resiste matices, es siempre derrotado porque lo han traicionado”, constituye un recurso transversal a la izquierda para justificar discursos políticos que, aunque parecieran ser distintos, reproducen actualmente la derrota teórica de la clase obrera y del movimiento socialista en Chile.

Por un lado, la izquierda “histórica” ha instalado un discurso en el cual el gobierno de la Unidad Popular fue traicionado por las fuerzas armadas, entrampando así el desarrollo del socialismo mediante una vía pacífica, a lo que además se suma el argumento de que dicha situación fue propiciada por la radicalidad que demostraron ciertos sectores de izquierda y que habría desestabilizado al gobierno.

Por otro lado, la izquierda “rojinegra” ha tomado los mismos sucesos para plantear que fue más bien el movimiento de masas y el “poder popular” el que sufrió la traición de los militares que llevaron adelante el golpe de Estado, y a lo que se sumaría la tibieza del gobierno que habría depositado su confianza en la institucionalidad.

De este modo, la izquierda “histórica”, con el objetivo de llegar nuevamente al gobierno y constituirse en un sector político relevante ha caído en el electoralismo y la búsqueda constante de alianza con sectores burgueses o de clases medias, supeditados a los programas de otras fuerzas políticas.

Mientras que la izquierda “rojinegra”, con la excusa de reconstruir el denominado “poder popular”, se ha negado a la disputa propiamente política manteniéndose en la lucha gremial, o bien ha levantado frente a cualquier coyuntura una plataforma transicional o derechamente maximalista.

En cualquiera de los casos, se podría decir que el periodo de la Unidad Popular ha llevado a fetichizar distintos medios y formas de lucha en las cuales supuestamente se encontraría el “poder” de la clase obrera, lo que además ha constituido hasta cierto punto la identidad de las mismas organizaciones de izquierda.

De este modo, la experiencia de la Unidad Popular se presenta como un obstáculo para el desarrollo de la teoría socialista y revolucionaria, aunque esto no necesariamente tiene que ser así. Al igual que la Comuna de París fue un obstáculo como también fuente de importantes aprendizajes que bien supo expresar Lenin en su momento[2], la reflexión y desmistificación del periodo de la Unidad Popular puede abrir la posibilidad de revitalizar el debate actual y el rearme de la izquierda socialista chilena, sobre lo cual el artículo de Luis se presenta como un aporte en esta dirección, independiente de que trate también otros temas.


[1] Luis Thielemann, “La derrota silenciosa. Problemas de base en su abordaje histórico” (Revista Rosa, 2021). https://www.revistarosa.cl/2021/10/10/la-derrota-silenciosa/

[2] “Si hasta aquí se intentó mostrar el rol productivo de la Comuna en la formación de la teoría revolucionaria, ahora se tratará de integrar el análisis a su función negativa: un efecto que se ejerció en la construcción teórica desde la década de 1870 hasta principios del siglo XX.

En primer lugar, hay que decir que el carácter de obstáculo no se establece como pura negatividad. Como consecuencia de la Comuna no se instaura un vacío o silencio en el conocimiento y, aún menos, una parálisis política.

El efecto Comuna parece ser más bien el de trazar determinados límites, el de obturar ciertas direcciones del desarrollo teórico y práctico, el de modificar la jerarquía teórica de los conceptos, el de imponer un cambio en las imágenes dominantes bajo las cuales se representaba la lucha de clases y su consecuencia histórica, la revolución proletaria.”

Roberto Jacoby, “El asalto al Cielo” (1986)

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