Editorial #16: Izkia en Temucuicui

La reivindicación nacional-territorial mapuche es uno de los puntos críticos que enfrenta el actual régimen de dominación burguesa en Chile. Ninguna coalición burguesa que se encuentre –o aspire a estar– al frente del aparato estatal puede eludir la cuestión. En la base del problema se encuentran los antecedentes históricos que dieron origen y forma al Estado chileno y su relación con el territorio.

Ante los fracasos del gobierno anterior, el nuevo prometía un cambio en la política hacia el pueblo mapuche. Fue así que, a solo 4 días de haber asumido, la ministra del Interior del nuevo gobierno, Izkia Siches, emprendió un viaje a Temucuicui, comunidad mapuche ubicada en Ercilla.

La visita pretendía dar una señal importante respecto al nuevo trato que pretende implementar la administración de Gabriel Boric. Sin embargo, la visita no logró el efecto mediático que originalmente pretendía. Todo el “simbolismo” de la visita se cayó producto de los tiros al aire y el corte de camino con que la comitiva ministerial fue recibida en las cercanías de Temucuicui, poniéndose en primer plano las reclamaciones territoriales y los presos mapuche.

Algunas cosas que destacan. En primer término, existen hoy en el país territorios donde el Estado pierde el control, revelando falta de unidad político administrativa. A su vez, el “pueblo mapuche” tampoco resulta ser una entidad homogénea, siendo más bien una comunidad atravesada por diferentes vivencias, experiencias, liderazgos, etc., y, en consecuencia, con diferentes formas de relacionarse con el Estado chileno. El “plurinacionalismo” y el “autonomismo” son precisamente expresiones de las diferencias políticas que habitan en el seno del pueblo mapuche.

Ahora bien, volviendo a la fallida visita de la ministra Siches, la cuestión de fondo es que, independientemente de los ropajes con que se vista el poder estatal y los discursos que se levanten, este sigue encarnando una determinada naturaleza clasista y cristalización de un conjunto de diferentes fuerzas e intereses de actores. La ministra y su comitiva no eran sino agentes representantes del Estado chileno. Aún así, y pese a que el principal error del gobierno fue el hecho de abstraerse de los fundamentos histórico-sociales en los que descansa la cuestión mapuche, resulta relevante mencionar que, a partir de lo dicho en el primer discurso del presidente Boric, este gobierno comprende el conflicto desde una óptica diferente a la de las administraciones anteriores, lo cual aparece como una tendencia relevante a considerar para los futuros acontecimientos en esta materia. En este sentido, el cómo lo resuelvan es aquello que aparece como una cuestión fundamental y a lo que se le debe prestar especial atención.

Esto, tomando en consideración el hecho de que en el territorio que hoy conocemos como Chile, antes de la conformación del Estado nacional chileno, ya existían grupos y comunidades que establecieron sus propias formas de organización social. Esta cuestión, relevante y quizás obvia en términos históricos y culturales, bien puede chocar con las concepciones leguleyas que abundan en ciertos sectores.

Para los trabajadores la cuestión mapuche no es algo irrelevante para sus luchas. Es indispensable impulsar la lucha por el derecho de autodeterminación nacional. Solo este corresponde a una relación democrática entre distintos pueblos nación dentro de un mismo Estado, aun cuando este último no rebase los horizontes de la dominación burguesa y la explotación capitalista.

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